God of War: Sons of Sparta | REVIEW
Un regreso inesperado a los orígenes.
Lanzado en febrero de 2026 como una sorpresa dentro del State of Play, God of War: Sons of Sparta apuesta por algo que nadie tenía en el radar: llevar la brutalidad de la saga a un formato 2D retro. Desarrollado por Mega Cat Studios y publicado por Sony Interactive Entertainment, este spin-off nos devuelve a la Antigua Grecia mucho antes de los dioses olímpicos, de Atreus y de la mitología nórdica. Acá no hay Leviatán ni Blades of Chaos. Hay lanza, disciplina y sangre espartana.
La propuesta no intenta competir con las entregas modernas en escala o producción cinematográfica. En cambio, decide explorar el pasado de Kratos desde una perspectiva más íntima, centrada en su juventud y en su vínculo con Deimos. Y lo hace con un envoltorio pixel art que remite a la era de los 16 bits, pero con una identidad muy marcada. Acá les contamos qué gusto nos dejó en CDF Gaming.

Una historia de honor y hermandad
La narrativa nos sitúa en los años de entrenamiento espartano de Kratos y Deimos. Antes de convertirse en el Fantasma de Esparta, Kratos fue un joven moldeado por el dolor, la disciplina y la obsesión por el deber. Cuando un cadete desaparece misteriosamente, los hermanos deciden ir en su búsqueda, aun cuando no han terminado su formación.
La historia funciona como un relato de iniciación. No es una epopeya colosal contra dioses, sino una travesía más terrenal, centrada en valores como la lealtad y el honor. El guion aprovecha bien la dinámica entre ambos: Kratos ya muestra rasgos de su carácter severo y controlador, mientras que Deimos aporta impulsividad y coraje. La química entre los dos es el corazón del juego y le da peso emocional a cada enfrentamiento.
Si bien el argumento no es excesivamente complejo, está bien contado y se apoya en diálogos concisos que refuerzan la identidad espartana. No abandonarás a ningún espartano no es solo un lema: es el motor de toda la aventura.
Gameplay 2D con alma espartana
Sons of Sparta es un action platformer 2D que combina combate cuerpo a cuerpo, exploración lateral y resolución de acertijos ambientales. La lanza es el eje del sistema de combate. Con ella realizamos ataques rápidos, embestidas cargadas y lanzamientos estratégicos que permiten controlar el espacio.
El sistema es simple de aprender pero ofrece profundidad gracias a mejoras progresivas. A medida que avanzamos desbloqueamos nuevas técnicas que amplían el repertorio ofensivo: ataques en salto, combos extendidos y contraataques precisos. También hay enfrentamientos contra jefes que exigen leer patrones y administrar recursos con cuidado.
El juego alterna entre secciones de combate intenso y momentos más pausados de exploración. Hay plataformas móviles, trampas, zonas secretas y pequeños puzzles que aprovechan el entorno. No llega al nivel de complejidad de un metroidvania, pero sí invita a revisitar áreas para encontrar secretos.
Un combate desafiante y satisfactorio
El combate se siente contundente. Cada golpe tiene peso, los enemigos reaccionan con animaciones claras y la dificultad escala de manera consistente. No es un juego fácil. La experiencia está pensada para que el jugador aprenda a dominar los tiempos de ataque y defensa.
Hay variedad de enemigos: soldados rivales, bestias mitológicas y criaturas que parecen salidas de leyendas locales de Laconia. Cada tipo exige una estrategia distinta. Algunos requieren romper escudos, otros evadir ataques pesados antes de contraatacar.
Las batallas contra jefes son el punto más alto. Presentan diseños llamativos y patrones que obligan a estudiar movimientos. Son duelos intensos que capturan la esencia de la saga en una escala más reducida.
Ambientación y pixel art con personalidad
Esto es algo distinto a lo que pudimos haber visto en Ragnarök o el original de 2018. Visualmente, el trabajo de pixel art es buen experimento según nuestro punto de vista para darle un giro distinto a la franquicia. Los escenarios recrean la región de Laconia con templos, bosques, ruinas y fortalezas espartanas. Los fondos tienen múltiples capas que aportan profundidad y detalles animados que enriquecen la escena.
Kratos y Deimos están bien representados, con sprites expresivos que transmiten carácter incluso en formato 2D. Las animaciones de combate son fluidas y refuerzan la sensación de impacto.
El diseño artístico no busca realismo, sino identidad. Hay una clara intención de rendir homenaje a los clásicos de acción de los 90, pero con estándares modernos de pulido y claridad visual.
Sonido y música con espíritu épico
La banda sonora combina melodías épicas con instrumentos que evocan la Grecia antigua. No alcanza la monumentalidad de las entregas principales, pero acompaña con fuerza cada enfrentamiento.
Los efectos de sonido son contundentes: el choque de la lanza, los gritos de guerra y el eco en cavernas aportan inmersión. El doblaje, aunque más limitado que en títulos AAA, cumple y le da personalidad a los protagonistas.
Rejugabilidad y duración
La campaña principal ronda las 8 a 10 horas, dependiendo del nivel de exploración. No es extensa, pero está bien medida para su propuesta.
Hay secretos ocultos, desafíos opcionales y niveles de dificultad adicionales que incentivan una segunda vuelta. Además, completar el título desbloquea modos más exigentes que ponen a prueba el dominio del combate.
No estamos ante un título pensado para cientos de horas. Ahora bien, ¿ofrece contenido suficiente para justificar su precio y mantener el interés? La segunda parte seguro, quizás 20 USD es un poco alto para ser honestos.
Dificultad y curva de aprendizaje
La dificultad es exigente pero justa. Los checkpoints están bien ubicados y el diseño de niveles evita frustraciones innecesarias. El jugador debe aprender patrones y administrar bien la energía.
En niveles altos, el juego se vuelve particularmente desafiante, ideal para quienes disfrutan de experiencias más clásicas donde el error se paga caro.
Conclusión de CDF Gaming
God of War: Sons of Sparta es una apuesta valiente que demuestra que la franquicia puede explorar nuevos formatos sin perder identidad. El cambio al 2D no le quita intensidad; al contrario, la concentra en combates precisos y una historia íntima sobre el deber y la hermandad.
No reemplaza a las grandes entregas modernas, pero tampoco lo intenta. Funciona como un complemento que enriquece el lore y ofrece una experiencia sólida, desafiante y con mucha personalidad.
Para quienes crecieron con los God of War clásicos y también aman el pixel art, este spin-off es una sorpresa muy bienvenida.
Nota del redactor
7,5 / 10
