Un regreso con cuentas pendientes: skate, tiros y redención intergaláctica.

Qué cantidad de idas y vueltas tuvo esta obra. Desarrollado nuevamente por Squanch Games, el estudio atravesó años movidos y reestructuraciones internas, pero esta secuela deja en claro que el equipo encontró su identidad más allá de cualquier nombre propio. Disponible en PS5, Xbox Series X|S y PC, con estreno día uno en Xbox Game Pass, el juego apuesta a pulir errores del pasado y expandir todo lo que funcionaba: más acción, más variedad y un humor que, sin perder irreverencia, está mejor medido. Desde CDF Gaming ya lo probamos y acá les contamos en detalle.

Del héroe galáctico al fugitivo incómodo

La historia arranca con uno de los prólogos más creativos que vimos en un shooter reciente. Pasaron varios años desde que el protagonista salvó a la humanidad de ser consumida como droga interplanetaria. Ahora es una celebridad, vive entre recuerdos, programas de televisión, homenajes ridículos y una fama que se le va de las manos. A través de saltos temporales y situaciones delirantes, el juego muestra cómo esa gloria se transforma en decadencia. La familia es un desastre, la vida pierde sentido y una nueva amenaza corporativa vuelve a poner a los humanos en la mira.

Sin entrar en spoilers, el eje narrativo gira en torno a una megacorporación farmacéutica que quiere convertir a la humanidad en el ingrediente estrella de un nuevo medicamento galáctico. El giro es interesante: de héroe venerado pasamos a fugitivo vinculado a un grupo insurgente. La estructura recuerda a una space opera noventosa, con una base de operaciones desde donde elegimos objetivos y viajamos por distintos planetas eliminando a las cabezas responsables del plan.

Gaitlins, cuchillo y movilidad total

Donde realmente despega High on Life 2 es en su gameplay. El gunplay es mucho más sólido y satisfactorio que en la primera entrega. Disparos con carga, habilidades secundarias, ataques especiales y un ritmo frenético que invita a moverse constantemente. El cuchillo vuelve como herramienta clave para ejecuciones y movilidad vertical, y el sistema de esquives aporta dinamismo a cada enfrentamiento.

Los gaitlins —armas parlantes con personalidad propia— regresan mejor escritos y con más interacción contextual. Cada nueva arma no solo suma mecánicas distintas (disparos explosivos, control de masas, efectos de estado), sino también comentarios únicos según la situación. Cambiar de arma altera los diálogos y reacciones, lo que aporta frescura constante. Esta vez el sistema está mejor equilibrado y evita que el combate se vuelva monótono.

Skate: el verdadero game changer

Si hay una mecánica que redefine la experiencia es el ¿patín?. Desde temprano el juego nos da acceso a esta herramienta que transforma la exploración y el combate. Patinar por escenarios abiertos, grindear barandas, usar el gancho sin bajar de la tabla y encadenar trucos mientras disparás crea una sensación de fluidez espectacular.

Lo sorprendente es que no se siente forzado. El diseño de niveles está pensado para aprovechar rampas, railes y atajos. Combatir sobre la tabla es caótico pero controlable: podés alternar entre tierra firme y velocidad extrema con un botón. Es un agregado que eleva el ritmo y diferencia a esta secuela dentro del género.

Variedad que no da respiro

High on Life 2 no se conforma con ser un shooter lineal. Las misiones son una montaña rusa de situaciones absurdas: infiltraciones en cruceros espaciales, investigaciones de asesinato con estética glam, fiestas que se van completamente de control y desafíos secundarios que mezclan minijuegos, exploración y secretos ocultos.

La base funciona como hub central, con tiendas, mejoras, actividades opcionales y hasta contenidos audiovisuales completos para ver en la tele del cuartel. La cantidad de detalles y desvíos secundarios le dan profundidad y amplían la rejugabilidad. No es un mundo abierto tradicional, pero sí una experiencia con zonas amplias y mucho contenido opcional.

Arte, rendimiento y sonido

Visualmente hay un salto claro respecto al primer título. Escenarios más grandes, mejor iluminación y enemigos con animaciones más trabajadas. El estilo caricaturesco se mantiene, pero con mayor definición y coherencia estética.

En PS5 el rendimiento es sólido incluso en combates sobre el skate a máxima velocidad. No hay caídas notorias de frames y la sensación de control es consistente. El doblaje está en inglés, con subtítulos en español configurables, y el trabajo de sonido potencia tanto el humor como la intensidad de la acción.

Dificultad y curva de progreso

La curva de dificultad está mejor balanceada. No se siente injusto, pero tampoco un paseo. Las mejoras de habilidades y la compra de upgrades con dinero del juego permiten adaptar el estilo propio. El skate agrega un componente de habilidad real: dominarlo marca diferencia en los enfrentamientos más exigentes.

La campaña principal ronda las 12-15 horas, con bastante contenido extra para quienes quieran exprimir todo. No es un juego infinito, pero sí uno que invita a experimentar con armas y rutas alternativas.

Conclusión de CDF Gaming

High on Life 2 es la secuela que necesitaba la franquicia. Más pulido, más dinámico y con una identidad clara. El combate es adictivo, el skate le da un giro fresco al shooter tradicional y la narrativa mantiene el humor ácido sin caer tanto en la exageración constante. Squanch Games demuestra que puede sostener el proyecto con personalidad propia y ofrecer una experiencia sólida tanto para fans del original como para quienes quedaron con dudas. Un shooter distinto, con impronta noventosa y una energía que engancha hasta el final.

Nota del redactor

8.5/10

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