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Hot Wheels Infinite Rush | REVIEW

Milestone lleva los autitos de Mattel al mundo abierto con una propuesta veloz, colorida y repleta de cosas por hacer, aunque la versión de Nintendo Switch 2 todavía tiene margen para mejorar.

Hot Wheels se anima a salir de las pistas

Después de dos entregas de Hot Wheels Unleashed que demostraron que la licencia podía funcionar perfectamente dentro de un arcade de conducción, Milestone decidió cambiar considerablemente la fórmula. Hot Wheels Infinite Rush se lanzó mundialmente el 10 de septiembre de 2026 para PlayStation 5, Xbox Series X|S, Nintendo Switch 2 y PC, además de ROG Xbox Ally y Ally X, dejando atrás la estructura centrada casi exclusivamente en circuitos para presentar un mundo mucho más abierto. Para esta review en CDF Gaming lo jugamos en Nintendo Switch 2, una versión que mantiene prácticamente toda la experiencia principal, aunque con algunas concesiones técnicas importantes.

Un enorme parque de diversiones para Hot Wheels

La idea central es muy sencilla: en lugar de pasar constantemente de un menú a una carrera, ahora podemos manejar libremente por cuatro islas diferentes. Wheelswood apuesta por enormes edificios y calles urbanas, Tentacle Bay se inclina por escenarios naturales, Gearville presenta una identidad industrial y Drifty Temples ofrece caminos sinuosos con una clara inspiración oriental. No estamos frente a un mapa gigante completamente conectado al estilo Forza Horizon, sino ante grandes zonas independientes que vamos desbloqueando a medida que progresamos. El cambio funciona particularmente bien durante las primeras horas, cuando descubrir rampas, caminos alternativos, coleccionables o simplemente tirarse desde algún lugar imposible genera esa sensación de estar jugando con Hot Wheels sobre una habitación gigantesca.

Una campaña simple pero efectiva

La progresión consiste principalmente en participar de actividades, enfrentarnos a diferentes grupos de corredores y aumentar nuestro dominio sobre cada isla hasta poder desafiar a sus Rushers y al correspondiente Rush Master. La narrativa es prácticamente una excusa para mantenernos avanzando, algo lógico dentro de un título de estas características. Acá no hay personajes memorables ni una historia particularmente desarrollada: el verdadero objetivo es ampliar nuestro garage y convertirnos en el mejor corredor del archipiélago. Es una estructura sencilla y accesible que funciona, aunque después de varias horas empieza a mostrar cierta repetición.

Cuatro clases que realmente cambian la conducción

Uno de los mayores aciertos de Infinite Rush está en cómo organiza su enorme catálogo de más de 150 vehículos. Los autos se dividen entre Versatiles, Drifters, Speeders y Titans, y cada categoría administra el boost de una manera diferente. Los Drifters lo recuperan derrapando, los Speeders lo generan manteniendo velocidades elevadas, los Titans tienen una enorme capacidad de aceleración pero castigan al jugador si consume completamente la carga, mientras que los Versatiles funcionan como la opción equilibrada. No se trata simplemente de estadísticas diferentes: aprender qué vehículo conviene utilizar dependiendo de la actividad hace que el manejo tenga bastante más profundidad de lo que uno podría imaginar inicialmente.

Cambiar de auto en plena exploración es una gran idea

El sistema Rush Squad permite armar un equipo compuesto por cuatro vehículos, idealmente uno de cada clase, y cambiar entre ellos mientras recorremos el escenario. Es una mecánica especialmente útil dentro del mundo abierto porque evita tener que entrar constantemente a distintos menús. Podemos pasar de un auto pensado para derrapar a uno mucho más rápido para encarar una enorme recta o intentar alcanzar algún coleccionable complicado. Esa inmediatez ayuda muchísimo al ritmo general y refuerza la sensación de estar sacando distintos Hot Wheels de una caja de juguetes según lo que necesitamos en cada momento.

No todo se reduce a correr

Además de las carreras tradicionales encontramos contrarrelojes, pruebas de drift, desafíos de velocidad, eventos de eliminación, actividades de exploración y distintas pruebas repartidas por los escenarios. También aparecen los Daredevils, corredores que podemos desafiar directamente mientras exploramos y cuyo vehículo pasa a formar parte de nuestra colección después de derrotarlos. El problema es que, aunque inicialmente parece haber actividades por todos lados, su estructura comienza a repetirse y algunos eventos no tienen la creatividad de los mejores circuitos que vimos en Hot Wheels Unleashed.

El manejo sigue siendo tremendamente arcade

Milestone entiende perfectamente que Hot Wheels necesita velocidad por encima de simulación. Los vehículos pueden derrapar de manera exagerada, utilizar turbo, saltar enormes distancias y sobrevivir situaciones completamente absurdas. Dominar los derrapes y administrar correctamente el boost termina siendo mucho más importante que seguir una trazada perfecta. Es un manejo fácil de comprender durante los primeros minutos, pero conseguir buenos tiempos en las dificultades más elevadas requiere bastante precisión. Quizás algunos vehículos transmiten demasiado peso para tratarse de pequeños autos de juguete, pero cuando encontramos uno que encaja con nuestra forma de manejar, las carreras pueden ser realmente adictivas.

Construir sigue siendo parte fundamental de Hot Wheels

El Track Builder regresa considerablemente ampliado y ahora podemos crear nuestros propios circuitos utilizando directamente los escenarios del mundo abierto. Las piezas pueden adaptarse al terreno y hasta integrarse alrededor de estructuras y edificios, mientras que también es posible colocar marcadores para incorporar rivales controlados por la inteligencia artificial. A esto se suman los editores de stickers, diseños y ruedas para personalizar nuestra colección. Es uno de los elementos que más aporta a la rejugabilidad y probablemente sea donde los fanáticos más dedicados terminen invirtiendo una enorme cantidad de horas.

En Switch 2 se ve bien, pero los 30 FPS pesan

Nuestra experiencia fue en Nintendo Switch 2 y acá aparece una de las principales decepciones. Hot Wheels Infinite Rush funciona a 1080p y 30 cuadros por segundo en la consola de Nintendo, sin un modo de rendimiento que permita alcanzar los 60 FPS. La tasa suele mantenerse razonablemente estable y visualmente el juego conserva escenarios coloridos y vehículos con un excelente nivel de detalle, pero en un arcade tan rápido es imposible no notar la diferencia frente a PS5, Xbox Series o PC. Los tiempos de carga al ingresar a ciertas actividades o cambiar entre zonas también pueden cortar bastante el ritmo.

La escala de los autos sigue siendo espectacular

Uno de los puntos visuales más logrados continúa siendo la representación de los propios Hot Wheels. Plásticos, partes metálicas, ruedas y pequeños detalles de fabricación consiguen vender perfectamente la ilusión de estar controlando auténticos autos de colección. Los escenarios son mucho más grandes que en los juegos anteriores, pero paradójicamente eso también hace que por momentos se pierda algo de la magia de manejar un diminuto vehículo sobre una mesa, una habitación o un escenario cotidiano gigantesco. Infinite Rush gana libertad, pero sacrifica parte de esa sensación de escala que hacía tan particulares a los Unleashed.

Sonido correcto sin llegar a destacarse

El apartado sonoro acompaña correctamente la acción con efectos de motores, derrapes, golpes y boost, aunque ninguno resulta especialmente memorable. La música mantiene permanentemente un tono energético acorde a las carreras y ayuda a sostener el ritmo, pero difícilmente terminemos recordando su banda sonora una vez apagada la consola. Es un apartado funcional que cumple con lo necesario, aunque claramente queda en segundo plano frente al espectáculo visual.

Muchos autos y bastante rejugabilidad

Coleccionar más de 150 vehículos, descubrir secretos, derrotar Daredevils, completar desafíos, mejorar nuestros tiempos y experimentar con el creador de pistas garantiza una buena cantidad de contenido. También tenemos multijugador local para hasta cuatro personas y opciones online, aunque Nintendo Switch 2 queda fuera del cross-play completo y las creaciones compartidas permanecen limitadas a usuarios de la misma plataforma. No arruina la propuesta, pero sí deja a esta edición un paso detrás de las restantes versiones en materia online.

Una dificultad para prácticamente cualquier jugador

Infinite Rush puede disfrutarse tranquilamente como un juego familiar gracias a controles sencillos y niveles de dificultad accesibles, pero ofrece suficiente margen para quienes quieran dominar cada vehículo y competir por mejores tiempos. La campaña principal no resulta especialmente exigente en dificultades normales y rara vez representa una barrera importante, aunque aumentar el desafío obliga a controlar mucho mejor los derrapes, el boost y la elección de cada integrante de nuestra Rush Squad.

Conclusión de CDF Gaming

Hot Wheels Infinite Rush es una evolución interesante para la saga de Milestone. El salto al mundo abierto trae exploración, libertad y una estructura mucho más ambiciosa, mientras que la excelente cantidad de vehículos, las cuatro clases, el Rush Squad y las herramientas de creación consiguen mantener intacta buena parte del atractivo de jugar con Hot Wheels. En Nintendo Switch 2 encontramos además una versión completamente disfrutable y especialmente atractiva para jugar de forma portátil, pero los 30 FPS y los tiempos de carga impiden considerarla la edición definitiva. Aun con esos problemas, sigue siendo un arcade divertido, accesible y cargado de contenido que probablemente deje más que satisfechos a los fanáticos de los autitos de Mattel.

Nota del redactor

8 / 10

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