¡Pudimos probar el famoso juego de los 186 finales y acá te contamos la experiencia!

Supermassive Games levantó una carrera impresionante en los últimos cinco años con una variedad de juegos narrativos que terminaron siendo premiados hasta por los codos. Sin duda alguna, estamos hablando del estudio que más relevancia e importancia ha tenido en el desarrollo de obras de éste género. En esta ocasión, también cuentan con la publicación y distribución de la colosal empresa 2K. 

Until Dawn es uno de los tantos majestuosos títulos que se asentaron muy bien en la industria desde su lanzamiento en 2015 para PlayStation 4. Su historia puntualmente nos transportaba al medio de un frondoso bosque donde un grupo de jóvenes acordaron una reunión en conmemoración al fallecimiento de uno de sus amigos; sin embargo, desconocían que en ese mismo lugar, había un asesino serial que los perseguiría hasta que ninguno quedara en pie. El día de hoy nos encontramos con The Quarry, que viene a cumplir el rol de ser una suerte de secuela indirecta.

La historia nos otorga el poder de Dungeon Master para controlar los destinos de nueve jóvenes. Este grupo de adolescentes está a punto de concluir su ciclo como coordinadores del campamento Hackett’s Quarry. Sin embargo, y agotando el recurso que manejan los slayers, uno de los personajes decide romper —a propósito— el transporte que los devuelve a la ciudad para pasar una última noche extra con las chicas y chicos, y armar una fiesta. El problema es que no sabían que más de un peligro los estaba esperando.

A nivel jugable, The Quarry ofrece puntualmente dos tipos de mecánicas por fuera del rodaje fílmico. La primera son los, ya conocidos, Quick Time Events. Estos suelen ser instantes que obligan al jugador a mantenerse concentrado con la trama, ya que se trata de pequeños e irrepetibles momentos que demandan de apretar rápido un botón, o mover el stick en un sentido determinado (por ejemplo: le arrojan un objeto a un personaje y oprimiendo correctamente, lo atrapará). El segundo mecanismo es el de Slow Time Events, más que nada orientado a tomar decisiones que repercutirán directamente en el arco narrativo de la historia. El resto, sigue la línea de los viejos Until Dawn o House of Ashes con breves espacios para explorar y buscar pistas.

Cuando se termina el videojuego, se habilita una dinámica muy interesante llamada Death Rewind, donde se le brinda al jugador tres vidas y, con una hoja del diario del lunes, puede retroceder el tiempo y decidir si quiere salvar a alguna de las figuras. Lo curioso es que cada mínimo movimiento del tiempo (como dijo el abuelo Simpson) va a afectar el curso temporal del futuro, por lo que puede parecer “mucha” libertad, pero en realidad es mínima si tu objetivo es descubrir los más de 180 finales que contiene. 

Si repasamos el aspecto gráfico, la vara de calidad está por encima de todos los estándares que conocíamos. Sacando algún desliz en los ojos —en los que les agarra una turbulencia— la digitalización de los actores es sorprendentemente realista. Nosotros jugamos en la versión de PS5 y ciertamente cuesta diferenciarlas de una película. El audio, como toda representación artística del terror, necesita ser consistente y acá Supermassive Games se tomó ese trabajo muy en serio, puesto que todo el abanico de sonidos y la musicalización están en perfecta sintonía con la majestuosidad visual.

El cast contratado para The Quarry es bastante grande y con figuras muy conocidas. Entre ellos y para ponernos de pie, el fenómeno David Arquette (protagonista de Scream). También hay otros y otras caras de Hollywood como Ted Raimi, Ariel Winter o Lin Shaye, entre muchas más. Este indicio habla muy bien de nuestra industria, ya que son cada vez más las organizaciones que apuestan atraer a los mejores talentos de otras expresiones artísticas en los videojuegos.

The Quarry es un juego que se convierte en OBLIGATORIO para los fanáticos del horror y suspenso. Disfrutamos mucho la historia cuya conducción narrativa no tiene nada que envidiarle a las películas más taquilleras y se añade a su lista de ventajas un valor de rejugabilidad altísimo.

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